sábado, 21 de septiembre de 2013

Hansel y Gretel

Erase una vez un leñador que tenía dos hijos, un niño que se llamaba Hansel y una niña que se llamaba Gretel. Era viudo y no pudiendo cuidar él solo de los niños se volvió a casar con una mujer que si bien era muy guapa también era muy egoista y no quería compartir el cariño de su marido con esos mocosos que siempre terminaban por ponerle dolor de cabeza.
El país en el que vivían estaba pasando momentos difíciles y el leñador ya no tenía tanto trabajo como antes. La mayoría de los meses no ganaba el dinero suficiente para correr con todos los gastos de la casa, los niños y todos los caprichos de su bella mujer. Esa noche estaba especialmente preocupado porque no iba a poder pagar un montón de facturas que tenía pendientes y mientras terminaba de cenar le comento a su esposa que estaba desesperado, que no sabía que hacer...
La mujer le contestó que lo mejor era que mandasen a los niños a algún sitio porque llegaría el momento en que no tendrían para comer los cuatro. O mejor aún, al día siguiente les dirían que iban al campo a pasar el día y cuando estuviesen distraídos jugando los dejarían cerca de alguna granja para que los encontrase alguien que pudiera hacerse cargo de ellos.
Hansel y Gretel, que aún no se habían dormido porque tenían hambre lo oyeron todo. Gretel estaba muy asustada pero su hermano le tranquilizó diciéndole que no se preocupase, que él sabía lo que tenían que hacer...
Cuando su padre y su madrastra se fueron a la cama y apagaron la luz, Hansel esperó a que ya no se les oyese hablar y a escuchar los ronquidos de su padre, se levantó de la cama muy despacio, se puso las botas y el abrigo y salió por la ventana de la habitación al jardín que estaba detrás de la casa. Se acercó sin hacer ruido al camino que llevaba al bosque y fué recogiendo piedritas, muchas piedritas y guardándolas en los bolsillos de su pantalón. Cuando creyó que ya tenía bastantes, regresó a la casa y se metió en la cama.
Su hermana le preguntó donde había estado y él sólo le contestó que se durmiese, que ya tenía un plan para el día siguiente. Eso tranquilizó un poco a Gretel que se acurrucó en la cama y se quedó dormida.
A la mañana siguiente su padre les despertó muy temprano. Ya tenía todo preparado para ir de excursión al campo. Los niños hicieron como que no sabían nada de lo que tenían pensado el leñador y su mujer y salieron al camino como si tal cosa. Hansel iba el último para así poder ir tirando las piedritas que le marcarían luego el camino de regreso. Cuando llevaban caminando unas dos horas encontraron un lago y el leñador decidió que pararían allí. El iría a buscar leña para encender un fuego mientras su mujer preparaba unos sencillos bocadillos para almorzar. Cuando el padre volvió los cuatro se sentaron al rededor de la hoguera para comer mientras jugaban a las adivinanzas y cantaban canciones.
El leñador se sentía muy triste pensando en lo que iba a hacer, pero cuando miraba a su esposa, ésta le hacía un guiño de complicidad recordándole que era lo mejor para los cuatro.
Al llegar la tarde, la madrastra propuso jugar al escondite y apoyándose en un árbol empezó a contar uno, dos, tres...cien. Hansel y Gretel se habian escondido juntos porque su padre le pidió al niño que no dejara a su hermana sola en por si acaso... Pasado un rato dejaron de oir la voz de la mujer contando y salvo los ruidos típicos del bosque no oían nada más. La niña empezó  a  preocuparse porque no parecía que iban a buscarles y Hansel comprendió que lo habían hecho...les habían dejado solos.
Pero no se desanimó, cogió a su hermana de la mano y busco el rastro de piedritas que había ido dejando cuando venían y después de andar y andar un buen rato vieron la luz de la casa que salía por la ventana. Echaron a correr y llamaron a la puerta. Cuando su madrastra abrió se quedó boquiabierta de verlos allí pero tenía que disimular asñi que les hizo pasar mientras les echaba una regañina por haberse ido muy lejos a esconderse. El padre se puso muy contento de verlos porque estaba muy arrepentido de haberlos abandonado. Les abrazó y les dió un beso acompañándoles a la cama porque venían agotados. En cuanto los niños se durmieron, la madrastra volvió al ataque con sus reproches y quejas...Que si tenían muchos gastos...que si el colegio era muy caro...que si patatín...que si patatán...pero viendo que su marido no le hacía caso, decidió que llevaría a cabo sus planes ella sola. Por esa noche era mejor dejarlo.
Al fin de semana siguiente les dijo a los niños que les iba a llevar a visitar a una amiga suya que vivía al otro lado del bosque, que tenía unos hijos de su edad con los que podrían pasar el día jugando. A los niños les pareció estupendo, por una vez parecía que su madrastra les apreciaba. Pero como Hansel no se terminaba de fiar de ella y no le daba tiempo a recoger piedritas, metio un trozo del pan del desayuno en el bolsillo por si acaso. A media mañana salieron de casa aprovechando que el leñador había ido al pueblo a ver si podía conseguir algo para comer y se adentraron en el bosque caminando durante bastante tiempo. Hansel iba echando miguitas de pan por el camino para poder volver a casa si su madrastra les hacía alguna jugarreta. Llegaron a una llanura desde la que se veía una casita a lo lejos...
- Esa no es la casa de mi amiga, nos hemos debido perder, dijo la madrastra pareciendo preocupada., pero no importa sentaros en estas piedras un momento que yo voy a echar un vistazo por el otro lado...
Y les dejó allí sentados durante horas. Al caer la noche, los niños se acercaron a la casita y se llevaron la grata sorpresa de que estaba hecha de chocolate y caramelo. Las ventanas estaban llenas de piruletas y la puerta estaba hecha de bombones. Esa casita era el sueño de todo niño. Hansel y Gretel estaban muertos de hambre y muy cansados así que empezaron a coger trocitos de chocolate, de algodón de azúcar que salía de la chimenes, de caramelos de fresa y nata...Y comían y comían sin parar. Estaban tan ensimismados  entre tanto dulce que no se dieron cuenta que por detrás se les acercaba alguien...
- Quien está comiéndose mi casa?, preguntó la voz de una anciana.
- Somos Hansel y Gretel y estamos cansados y tenemos hambre, contestó Hansel.
- Ohhhh!!! pobres pequeñines pasad, pasad...yo os daré de cenar. Dijo la anciana amablemente...
Los niños entraron en la casa y en cuanto la anciana cerró la puerta se convirtió en una malvada bruja.
- Jajajajjaaaaj, se rió la bruja, que ingenuos sois...Tú niña, le gritó a Gretel, vete a la cocina y pon a calentar agua. Y tú niño, ven conmigo...
Agarró a Hansel del brazo y le bajó al sotano por una escalera , Allí le ató con una cadena como si fuera una bestia y le dijo:
- Te engordaré para luego comerte...Está tan flacucho!!
Y dejó al niño allí para subir a ver si Gretel ya había empezado a calentar el agua.
- Ven niña, vamos a cocinar algo rico para tu hermano, que le ponga gordito para que pueda comermelo...Jajajajjjaaj.
Cocinaron un pollo con patatas que Gretel bajó al sótano llorando.
- No llores, le dijo su hermano, ya pensaré como escaparnos de aquí.
A la mañana siguiente cuando la bruja bajó al sótano le dijo al niño:
- A ver, saco de huesos, jajjajjjajaaj, enséñame un dedo a ver si has engordado algo.
Hansel, que era muy listo, y aprovechando la oscuridad del sótano y que la vieja bruja ya no veía muy bien, asomó por los barrotes de la jaula en la que estaba un hueso del pollo de la noche anterior y la bruja al verlo, dijo:
- Bah, no has engordado nada, tendré que decirle a la estúpida de tu hermana que cocide un buen cocido de garbanzos.Necesito comerte para recobrar mi juventud y mi belleza.
Así pasaron los días, y la bruja ya empezaba a cansarse de que el niño no engordase. Así que le dijo a Gretel:
- Niña, hoy vanos a limpiar bien el horno, mañana me comeré ya a tu hermano o nunca recobrare mi suave torso y mi hermosa piel.
Gretel fue a la cocina y abrió el hono para limpiarlo, pero vió algo en su interior y se le ocurrió una idea. LLamó  ala bruja y le dijo:
- Hay algo en el fondo del horno y yo no llego a sacarlo, tendrá que ayudarme.
La bruja, que no era muy lista, asomó la cabeza y comprobó que había unos huesos del niño anterior que se había comido y poniendose de rodillas encima de una silla metió medio cuerpo para poder cogerlos.
La niña entonces le pegó un empujón en el culo y la metió dentro, cerrando la puerta y encendiendo el horno con la bruja dentro.
Cogió las llaves que colgaban de un gancho y bajó corriendo al sotano a liberar a su hermano. LOs dos juntos ya, salieron corriendo de la casa y no pararon de correr hasta que llegaron a un lago.
- No podremos cruzarlo, sollozó la niña. Nunca podremos llegar a casa.
En ese momento se les acercó un pájaro y les dijo:
- No os preocupéis, yo se donde vivis. Sentaros aquí y esperarme.
Al rato volvió con dos patos que montaron cada uno a un niño encima suyo y guiados por el pajarito los llevaron a su casa.
Cuando llegaron Hansel le preguntó que como sabía donde vivían y el pajarito le contestó que sin darse cuenta aquel día que se perdieron en el bosque él se había ido comiendo las miguitas de pan y el rastro le llevó hasta su casa.
Los niños se despidieron de los tres animales y llamaron a la puerta llamando a gritos a su padre. El les oyó enseguida y corriendo les abrió sin poder creerse lo que veía.
- Hijos míos, cuanto los siento. Yo no sabía los planes de vuestra madrastra. Os he buscado por todas partes pero no pude encontraros.
Los dos niños se abrazaron a su padre que les contó que en cuanto supo lo que su mujer les había hecho le había echado de casa.
Ahora vivirían los tres allí solos apañándose con lo que tenían.
Por la noche cuando les ayudaba a ponerse el pijama notó algo en el bolsillo del delantal que llevaba Gretel. Metió la mano y sacó dos enormes piedras que brillaban mucho.
- De donde has sacado esto hija mía?
- Ya no me acordaba de ellas dijo la niña. Rompí una caja en casa de la bruja al limpiarla y se cayeron al suelo. Las escondí para que no me pegase con la escoba.
El leñador le dió una abrazo sonriendo porque eran dos diamantes. Sus problemas económicos se habían solucionado de repente. Ahora sí que podrían vivir felices...

Y colorí colorado...

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